Historia del templo
"En San Felicísimo, la historia no son solo piedras, sino las miles de oraciones
y bendiciones que han pasado por este altar."
La Parroquia de la Pasión, conocida popularmente como el Santuario de San Felicísimo, tiene un lugar privilegiado en la historia de Bilbao. Su origen se remonta al 11 de febrero de 1880, cuando los Padres Pasionistas fundaron en Deusto su primera casa en España: el Retiro de la Pasión. En aquel entonces, Deusto era una zona de anteiglesia, huertas y palacetes. Los Padres Pasionistas se instalaron inicialmente en una casa humilde, pero pronto levantaron el primer templo y convento.
En 1877, cuando la Congregación Pasionista contaba ya con seis Provincias —tres en Italia, una en Inglaterra, una en Francia y otra en Estados Unidos—, nació el anhelo de fundar en España una Casa de Misión. Este impulso estuvo protagonizado por el P. Bernardo de María Virgen, perteneciente a la Provincia de San José en Inglaterra, quien había llegado al país junto al P. Fernando de los Sagrados Corazones, natural de Sevilla y profeso en la misma provincia.
A pesar del clima de desconfianza hacia las órdenes religiosas que persistía desde la Ley de Desamortización de Mendizábal de 1836, el Obispo de Santander, D. Vicente Calvo y Valero, manifestó su deseo de acoger en su diócesis a los “Clérigos Descalzos de la Santísima Cruz y Pasión de Nuestro Señor Jesucristo”. A este proyecto se unieron posteriormente el P. Amadeo de María Virgen (Garibaldi), llegado de América; el P. Mauricio de San José, procedente del Retiro de la Scala Santa en Italia; y el Hno. Bernardo del Niño Jesús, del Retiro de Brugnato.
Las dificultades económicas pusieron en riesgo la fundación. Tras una primera estancia en Castro-Urdiales —donde residieron durante meses en condiciones precarias—, la situación cambió gracias a la intervención de las Siervas de Jesús. Sor Soledad, superiora en Castro-Urdiales, escribió a la fundadora de la congregación, Sor Corazón de Jesús, residente en Bilbao. Esta mediación llevó al contacto con el párroco de Santiago de Bilbao, el P. Mariano Ibargüengoitia, quien a su vez habló con Dña. Liboria de Guendica. Ella había construido una casa de campo en Deusto y decidió donar los terrenos cercanos, en la anteiglesia de Deusto.
El traslado de los pasionistas a Bilbao se realizó en febrero de 1879. Fueron acogidos gratuitamente durante un año en la casa vicarial de las Dominicas de la Encarnación, en el barrio de Atxuri, gracias a la gestión del P. Ibargüengoitia.
Las obras del Retiro de la Pasión comenzaron en abril de 1879 bajo la dirección del propio P. Ibargüengoitia. Sin embargo, tras la visita del Superior General de la Congregación, el P. Silvestrelli, surgieron discrepancias sobre el estilo constructivo —especialmente por el uso de piedra labrada—, lo que llevó a que el P. Ibargüengoitia se retirara del proyecto. A partir de entonces, los religiosos continuaron la obra con grandes dificultades económicas, recurriendo a la caridad de los fieles de Bilbao y de toda Bizkaia.
En febrero de 1880 se inauguraron el convento y una capilla provisional, convirtiéndose en el primer convento pasionista fundado en España tras la disolución de las órdenes religiosas. El 1 de mayo de 1881 se inauguró la iglesia, que con el tiempo sería conocida como Santuario de San Felicísimo. Ese mismo año, a finales de abril, estaban ya concluidos el templo y el ala oriental del Retiro.
El altar mayor, con el conjunto del Calvario, fue encargado al escultor bilbaíno D. Vicente Larrea. En 1886 se completó el altar de la capilla de San Pablo de la Cruz, con un altorrelieve del santo arrodillado ante la Virgen María, donado junto con el dorado del retablo por D. Gabriel María de Ibarra. Ese mismo año, en agradecimiento a San José, se erigió un altar y una estatua en su honor, además de su presencia en el altar mayor y en la fachada del Retiro.
En 1893 se reforzó esta devoción con nuevas dedicaciones al patriarca San José. Más adelante, en 1922, se proyectó la renovación del Retiro bajo la dirección del arquitecto diocesano D. José María Basterra. En 1929 se aprobó la construcción de un nuevo pabellón transversal con fachada sur, que incluía galerías, habitaciones y un sólido desván de hormigón armado.
La devoción continuó creciendo: en 1930, Dña. Martina de Isusi donó la imagen de Nuestra Señora de la Piedad y de la Buena Muerte, realizada en los talleres de D. Vicente Tena, en Valencia. En 1934 se construyó la capilla de Cristo Crucificado, con una imagen también salida de estos talleres.
Durante la Guerra Civil Española, en 1936, el nuevo Retiro fue habilitado como hospital militar, atendido por los religiosos y voluntarios. Tras la caída de Bilbao en 1937, continuó como hospital hasta diciembre de 1939.
La transformación definitiva llegó en el siglo XX. Tras la anexión de Deusto a Bilbao en 1925 y el crecimiento urbano, se hizo necesaria una ampliación. En 1963 se derribó el antiguo santuario para dar paso a un nuevo templo. El proyecto fue encargado al arquitecto Pedro Ispizua, quien diseñó un edificio de planta trapezoidal con una torre de 73 metros coronada por una gran cruz.
El 5 de mayo de 1968 se inauguró la nueva Iglesia de la Pasión del Señor, concebida como Casa Madre de los Pasionistas en España y como Santuario de San Felicísimo, con capacidad para 1.500 personas sentadas, además de amplias galerías.
"Nuestra puerta está abierta 13 horas al día, no solo para que entres a rezar,
sino para que sientas que en Deusto nunca estás solo."
San Felicísimo
Custodiado por los Pasionistas desde 1886, San Felicísimo es un mártir de las catatumbas romanas cuya santidad, reconocida por la Iglesia tras el hallazgo de sus restos en 1830, echó raíces en Deusto por aclamación popular
Para hablar de San Felicísimo en Deusto, hay que distinguir entre el mártir histórico y la devoción popular, que es lo que realmente le ha convertido en "el santo de Bilbao".
La figura de San Felicísimo es, ante todo, un puente entre los primeros siglos del cristianismo y la fe viva de nuestro barrio. Aunque su vida nos queda lejana en el tiempo, su presencia en el Santuario es el corazón de nuestra comunidad.
Su historia está muy relacionada con los Pasionistas y con la parroquia.
San Felicísimo, mártir romano de los primeros siglos —probablemente del siglo III—, fue enterrado en la catacumba de San Hipólito, en la Vía Tiburtina de Roma. Sus restos fueron descubiertos el 28 de enero de 1830, junto a una ampolla con su sangre y una losa marcada con la letra “M”, signo de su martirio.
El hallazgo fue reconocido por el Cardenal Zurla, Vicario General del Papa Pío VIII, quien comunicó el descubrimiento al pontífice. Este le otorgó solemnemente el nombre de “San Felicísimo, Mártir”. Tras custodiar las reliquias durante cuatro meses, el cardenal las entregó a D. Antonio Laurentini.
En 1886, después de 56 años de culto privado, Laurentini donó las reliquias al P. Silvestrelli, Superior General de los Pasionistas, quien ese mismo año las destinó al convento de Deusto.
Durante su traslado desde Marsella a Bilbao, a bordo de un barco de la Compañía Vasco-Andaluza —gracias a la mediación de D. Gabriel de Ibarra—, una fuerte tempestad sorprendió la nave frente a Finisterre. El capitán, D. Inocencio de Goitiz, invocó la protección del mártir, y la tradición relata que el mar se calmó milagrosamente, permitiendo la llegada segura al puerto de Bilbao el 13 de mayo de 1886.
Desde entonces, la devoción a San Felicísimo no ha dejado de crecer. Numerosos fieles han atribuido a su intercesión favores y protección, especialmente en favor de los niños, motivo por el cual es conocido como el “Abogado de los Niños”.
Así, entre fechas, nombres y acontecimientos, se teje la historia viva de este santuario: un lugar donde la memoria, la fe y la tradición continúan dialogando con el presente.